UZBEKISTÁN Y LAS PREGUNTAS MOLESTAS – PARTE 1.

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UZBEKISTAN Y LAS PREGUNTAS MOLESTAS – PARTE 1.

¡Qué lindo es Uzbekistán!  Si te gusta la historia y la arqueología, este es “EL” lugar en Asia Central. Por aquí han pasado diferentes imperios, culturas y nacionalidades. Se respira historia en cada esquina, de hecho, si levantas una baldosa lo más probable es que salga algo de historia. La comida es sabrosa y su gente tan amigable como conversadora.

Ahora, cada vez que interactuaba con un local siempre me hacían la siguiente pregunta seguida de una auto-respuesta:

¿QUÉ HACE USTED ACÁ? –pregunta-, ¿ES TURISTA? –auto-respuesta.

O más directo: ¿Qué haces acá? ¿Turista?

En algún momento escuché tantas veces esta pregunta + auto-respuesta que pensé en cambiar mi respuesta para hacer la conversación con los Uzbekos un poco más entretenida.

Mi primera víctima fue una chica uzbeka que trabaja en la recepción de un hostel en Tashkent. Ella me preguntó de forma decorosa y en un inglés impecable:

-¿CUÁL ES EL PROPOSITO DE SU VISITA?

A ver… esta mina es licenciada en Turismo y habla mínimo 4 idiomas. Segundo: mi VISA es una ¡¡¡VISA DE TURISMO!!! (inspeccionó mi pasaporte minuciosamente antes de hacerme esa pregunta) y, tercero: ¿qué pretende que le responda? “No, de turista no, vine a trabajar”, o… “no vine de turista, sino que vine a desenterrar un dinosaurio”.

Entonces… aclarado el contexto y dicho que ya me habían preguntado tantas veces lo mismo, la miré con cara de póker y le dije en ruso: “El propósito de mi visita es largo y aburrido, creeme que no lo querés saber”.

-¡Por favor! –con los ojos cerrados y una sonrisa protocolar–. Tengo mucho tiempo, dígame a que se debe su visita.

Bueno, te voy a decir, pero es un secreto –yo, cara de póker, inmutable, no se me movía ni un musculo. No tenía cara de serio ni de amargado, sino cara de nada, inexpresiva casi.

-Ajam… -ya se moría de la curiosidad.

-Vine a matar al nuevo presidente…

¡Silencio eterno! Si ya era blanca, entonces se puso más pálida todavía! y se le abrieron los ojos se cómo un huevo frito.

Yo, cara de póker, no se me movía ni un musculo.

La chica quedó en silencio y paralizada, nos quedamos mirando por un rato, pienso que mientras más me retrasaba en decirle que era una broma más nerviosa se ponía.

¡Listo!. ¡¡¡Ya me divertí!!!, pero no fue tan divertido para ella: tuve que decirle varias veces que era una broma, hasta que finalmente suspiró y respiró aliviada.

 

Segunda víctima:

En Nukus, tenía que cambiar 50 dólares por dinero uzbeko para mi última semana en Uzbekistán antes de cruzar por tren a Kazakstán. Un tipo grandote vestido de negro (los que cambian plata en Asia Central siempre tienen camperas de cuero negro) me ofreció cambiarme dinero. Enseguida se acopló otro tipo, un poco más bajo pero igual de morrudo.

Después de negociar y acordar la tasa de cambio, hicimos el intercambio y OTRA VEZ me preguntaron todo lo mismo, cuando llegamos a la parte de: ¿QUÉ HACES ACÁ?, ¿TURISTA?

Yo, cara de póker:

-Es un secreto.

-Por favor, díganos.

-Es un secreto, ustedes no pueden saber.

-¡Dale hermano! Contanos.

-Vine a matar al nuevo presidente.

¡Silencio total! ¡Quedaron duros, como tildados! No esperaban esa respuesta. Con los ojos abiertos, los dos grandotes quedaron congelados por unos segundos. Después el más grandote, sin quitarme la mirada le dijo al otro entre dientes:

“ESTE ES UN TIPO PELIGROSO…”

-¡Es un chiste! ¡Una broma!

-… -silencio y suspicacia-

-Soy solo un turista, ¡quería hacerles una broma!

Los cambistas, serios pero aliviados, me dijeron:

-No es un buen chiste, sería mejor que no hagas ese chiste acá.

Ahí empecé a darme cuenta de que lo que a mí me parece gracioso puede que a los uzbekos no. Antes de continuar tengo que aclarar (en mi defensa) que me hicieron la pregunta en cuestión unas 30 veces por día durante un mes, cada día…

Este señor fue una de las pocas personas que no me rompió las bolainas con la pregunta+auto-respuesta y me dejó comer tranquilo.

Este señor fue una de las pocas personas que no me rompió las bolainas con la famosa “pregunta+auto-respuesta” y me dejó comer tranquilo.

Tercera víctima:

Diez minutos más tarde estaba comiendo en un restaurant dentro del bazar. De repente (¿¡por queeeeeeeé a miiiiiiiií???!!!) una señora gordita y morruda de rostro amable (la dueña del restó) se me acercó y preguntó con una sonrisa:

-¿CUÁL ES EL MOTIVO DE SU VISITA?, ¿TURISTA?

Dentro de mi mente: “AaaaaaaaaaHhHHhhhhhhhgggghhh….!!! Otra vez nooooooooo por favooooorrr!!! Que me trague la tierra por favooooooorrrr!!!”.

La miré con ojos agotados, suspiré hondo y le dije:

-Es una historia muy larga y muy aburrida, créame señora que no quiere saber.

-¡Por favor, cuénteme!

-Es un secreto, no puedo decírselo.

-¡Vamos! ¡Vamos! ¡Dígame!

-Bueno, vine a matar al nuevo presidente.

¡Silencio total! Quedó congelada por unos segundos y se puso pálida, pero en este caso la broma no fue divertida ya que lejos de asustarse, la señora transformó su rostro y me mostró una cara de odio que me asustó. Pero lo que más me asustó fue su mirada, era una mirada llena de odio, como si tuviera al mayor enemigo que pudiera existir frente a ella.

-¡Es una broma! ¡Es una broma! ¡Solo soy un turista! -mientras blandía mi guía de viajes en el aire, ya que en la tapa tiene escrito bien grande “ASIA CENTRAL”.

La señora tardó poco tiempo en darse cuenta de que era una broma, pero yo tardé mucho más tiempo en olvidarme de esa mirada ¡realmente fue una mirada horrible! Antes de irme la saludé y todo pareció volver a la normalidad.

Aprendí un par de cosas ese día:

  • Mis bromas son muchas veces mediocres y no hacen reír a la gente.
  • No hay que hacer ese chiste en Uzbekistán pues la gente es muy “patriota” (o tienen mucha propaganda gubernamental encima, ¿hay diferencia?) y en general adoran a sus líderes.
  • Insisto por las dudas, ¡nunca hagan ese chiste en Uzbekistán! Es una pésima idea y puede terminar mal. Sean más inteligentes que yo y busquen otra manera de divertirse : )

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