LOS CAMPAMENTOS EN RUSIA

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Tuve la oportunidad, otra vez, de trabajar en un campamento para niños. Pero esta vez en invierno y no en verano.

En Rusia es común y frecuente que los niños vayan de campamento con el colegio o con empresas privadas que brindan este servicio.

Actualmente, “ir de campamento”, forma parte de la cultura rusa. Es una experiencia muy especial, sobre todo para los niños y los más jóvenes.

Me llamó la atención las diferencias entre Argentina y Rusia con respecto a este tema.

En general, no todos los colegios Argentinos organizan campamentos. Y si lo hacen son de corta duración, es decir, de 1 o 2 noches máximo.

La experiencia dura poco y generalmente uno se la pasa jugando al fútbol, al vóley, etc., y comiendo de una gran olla popular en donde alguien cocinó pasta o guiso.

No hay ningún trabajo intelectual o actividades realmente interesantes, solo deporte y guiso. Y si tuviste la mala suerte de ir a un colegio católico, te pudo haber tocado alguna que otra clase de adoctrinamiento en algún tema religioso.

Obvio, uno la pasaba bien también: compartiendo la carpa o la cabaña con amigos, haciendo un fogón y conversando hasta altas horas de la noche, y a veces te tocaban profesores copados que organizaban juegos como el “grillo” o “la búsqueda del tesoro”, etc.

Pero en cualquier caso, no hay un verdadero esfuerzo ni trabajo profesional; a los pibes solo se les revolea una pelota y un plato de guiso. Estoy seguro de que muchos profesores no se dan cuenta del valor de esta actividad y de lo que puede generar en la vida de los niños.


En Rusia, los campamentos son largos. Pueden durar desde 1 semana (mínimo) hasta 1 mes. Es común que al mismo campamento vayan niños de distintas escuelas, de diferentes edades y partes del país, etc.

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Trabajando con el grupo de los mas chicos. Campamento de invierno 2017 de Smart Holidays.

Tanto en verano como en invierno, los niños se alojan en “cabañas” que no son de madera sino construcciones de dos plantas donde no solo duermen sino que tienen salones para atender una gran variedad de clases y actividades. Sorprende lo equipados que están algunos lugares; por ejemplo, en el último campamento al que fui, había un restaurante enorme (acá le dicen “cantina”), karaoke, discoteca, sala de teatro y cine, canchas para casi todos los deportes y hasta un mini-hospital que funcionaba las 24hs, etc, etc.

los chicos con la teacher 1952

En Rusia los niñ@s adoran a sus profesores y los respetan. Ellos se ganaron ese respeto porque dedican muchas energías y esfuerzos para que los chicos tengan una experiencia inolvidable. No se trata de tirarles una pelota de fútbol y que se arreglen.

¿Lugar?

Comúnmente lejos de la ciudad, en medio del bosque. Otras veces cerca de algún río o lago, pero siempre rodeado de naturaleza. Durante la Unión Soviética muchos de estos campamentos eran totalmente gratis y ahora, si bien hay que pagar, el precio es, sin discusión, accesible.

¿Qué hacen estos niños tan pequeños sin sus padres durante una, dos o tres semanas? ¡La pasan genial! Y generalmente repiten la experiencia año tras año. Es todo una industria y una cultura.

ejercicio de la cuerda floja

Campamento de ingles organizado por la empresa Planet English, Verano 2016

Me encantó ver como los niños se relacionaban libremente entre sí, en diferentes espacios. ¡L@s niñ@s en Rusia son geniales! Se comportan muy bien en clase, respetan al profesor y al mismo tiempo son activos en los juegos y actividades al aire libre. Son curiosos, siempre intentan hacer nuevos amigos y buscan una excusa para conversar -después cuando crezcan, es probable que sean menos sociables y que sonrían menos cuando están frente a un desconocido; esto lo desarrollaré mejor en otro artículo.

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Campamento de ingles de la empresa SMART HOLIDAYS. Invierno 2017.

Casi cada noche, hay una discoteca (¡Un boliche, con música de DJ, luces y todo el show!) para que los niños se diviertan y distiendan después del atareado día.

¡Qué curioso y que gracioso fue ver a los niños y no tan niños bailando en la discoteca! Algunos se mandaban unos pasos muy cómicos, otros trataban de impresionar a sus compañeritas con movimientos “cool”, algunos bailaban solos o en grupos, pero algo era compartido: todos se divertían. Incluso los tímidos o aquellos a los que no les gusta bailar tienen su espacio, ya que a metros del boliche había mesas de ping pong y juegos para que también se diviertan en lo suyo, pero sin aislarse del resto.

Había niños y no tan niños de entre 4 y 15 años por todo el boliche. Los profesores bailaban habitualmente entre ellos, y a veces había un profe por cada grupo de niños pequeños. No había conflictos ni problemas, todos estaban en la suya o pasándola bien con su grupo. ¡Tan pequeños y tan civilizados!

Morí de ternura cuando empezaron a pasar lentos!

Es LA oportunidad de los pre-adolescentes para tener algo de contacto con sus pares. Entonces, los valientes proceden a invitar a sus compañeritas a bailar lentos. En la mayoría de los casos hay acuerdo entre las partes, pero a veces hay algún que otro rebotado -recuerdo a un pibito de 10 años que después de ser rechazado en la pista se quedó exageradamente triste.

Generalmente la chica apoya las manos en los hombros del pequeño caballero, y él apoya las suyas en la cintura de ella. Otros más osados se atreven a bailar casi abrazados, con una sonrisa incipiente o explicita en el rostro. Otros, bailan bien abrazados y ruborizados de la vergüenza pero aun así, con una sonrisa dibujada en el rostro.

summer camp planet english 2016

En Rusia los profesores o los “camp liders” son activos y creativos. Piensan y planifican actividades, workshops y juegos cada día para los niños. Resultado: los niñ@s no solo se divierten sino que también aprenden cosas importantes y créanme que recuerdan estos campamentos para siempre en sus corazones.


TESTIMONIOS:

 

Valentín (15): “¡Me encanta ir de campamento! Voy de campamento todos los años y son mis vacaciones preferidas”

“¡Estos campamentos son excelentes! Muy buenos. Yo vengo desde hace 7 periodos, y está bueno porque acá podes hacer amigos que después conservas por mucho tiempo. Tengo dos amigos que hice en los primeros campamentos y hasta hoy en día hacemos cosas juntos, salimos al cine, jugamos video juegos, etc.”

“¡Acá podes hacer tantas cosas! Podes hacer nuevos amigos, encontrar el amor, hacer enemigos también, todo!”

-¿¡Enemigos?! ¿Algo así como ultra-archí-mega-enemigos? -le pregunté.

-Nooo jajaja, tampoco así, pero a veces uno puede hacer algún que otro enemigo.

 

Lilia (40 y pico): “Era totalmente gratis en la Unión Soviética, y la pasábamos muy bien por 1 o 2 semanas en el bosque. No solo nos divertíamos, hacíamos deporte y comíamos comida saludable en el medio de la naturaleza”.

 

Igor (35): “Fui dos veces, una cuando tenía 10 y otra a los 15 años. Buena experiencia. Acordate de que esos campamentos soviéticos nacieron con la idea de mostrar a los niños cómo sería la vida cuando se llegara al comunismo. Había reglas de comportamiento y se enseñaban buenos valores, el que se portaba mal se mandaba a la casa. Ahora los campamentos usan la estructura soviética con pequeñas modificaciones”.

 

Natacha Montenegro (27, voluntaria de la UN entre otras cosas. Es Suiza, pero trabajó en campamentos en Rusia): “algo lindo de los campamentos en Rusia es que los niños rusos son niños. Se ayudan amablemente entre ellos sin importar la edad o el sexo. Se divierten sanamente”

 

Anastasia (28): “Me encantaba ir de campamento, era salir de mi zona de confort, de mi lugar habitual, para encontrarme con un montón de niños de otras escuelas y de otros lugares de Rusia. Me encantaba conversar y comunicarme con los otros en los campamentos. Me acuerdo que iba con cestas a buscar frambuesas y hongos con mis amigos al bosque, todo era tan ideal”.


¿Que hacía yo ahí?

Me invitaron para trabajar como profesor de inglés. Tenía que dar 6 clases de 40min durante una semana. Había 14 grupos de 12 o 14 niños cada uno. Además de dar clases tenía que conversar con ellos en los recreos y siempre que pudiera, para que conozcan a alguien de otra cultura y para que me practiquen conversación. Estaba, simplemente, en mi salsa.


CUENTOS DE TERROR

La primera vez que conté cuentos de terror en un campamento en Rusia tuve un éxito parcial; en realidad todo salió bien: mis historias fueron bien recibidas y los niños me pedían que visite sus habitaciones para que haga mi show.

Pero un día cometí un error. Sin darme cuenta le conté una historia de terror a un grupo de niños de diferentes edades. Entré al cuarto y había poca luz, la profesora Bárbara estaba cantando canciones infantiles con los niños cuando Masha (María, 10 años) irrumpió en cuarto y dijo: “¡El profesor Pablo va a contar una historia de terror que esta buenísima! ¡Escuchen!”.

Había poca luz en el cuarto (solo una vela en el medio del salón) y no me di cuenta de que había un par de niños muy pequeños mezclados. Apenas si veía sus caras, era la atmósfera ideal para una historia horripilante. No voy a escribir acá los resultados ni detalles de ese incidente; solo voy a decir que esa noche dos profesoras se quejaron y antes de dormir escribí en un cuaderno: “No contar historias de terror en un campamento para niños nunca más”.

Pero no pude con mi genio, me di cuenta que contar historias de terror es algo que me divierte y que puedo hacer relativamente bien. También tengo recuerdos magníficos de las veces que acampé con amigos, y, estando en el medio de la nada, con las estrellas de fondo y el fogón de por medio, alguien se contó una buena historia de terror. Esas cosas uno no las olvida nunca más.

En fin, estando nuevamente en un campamento, me propuse contar historias de terror algunas noches, SOLO y únicamente a los más grandes.

¡Fue un éxito total! -¡Uffff! ¡Gracias a Dios o al universo! Ningún herido-. a los chicos les encantó y pienso que no se van a olvidar de esa historia nunca más, van a recordar ese momento como algo divertido y simpático que pasó.

Cuando terminé de contar la historia al grupo más grande (entre 13 y 15 años), les pedí que me dijeran del 1 al 10, ¿que tal estuvo?. Y les pedí que sean bien críticos, que no me ofendería sino que quiero mejorar. El promedio fue 9.

Nos despedimos, pero nunca me podía ir. Cada vez que amagaba para irme me hacían una pregunta, y otra, y otra. Querían conversar y saber más sobre Argentina. Después de pasarles la mano a cada uno, uno de los chicos me dijo: “Teacher Pablo, ¡you are the best!”

Yo: “¡Gracias, gracias!”

Y le pase la mano a otro, creo que a Iván (¡estaba muy oscuro!), y me dijo lo mismo: “Teacher Pablo,  you are the best!”

Tragué saliva, y le respondí: “¡Gracias Iván!

Y cuando cruzaba la puerta para irme, otro me dijo desde la cucheta del fondo: “Teacher Pablo you are the best teacher in the camp”.

Listó, morí de felicidad, ¡qué adorables son estos chicos!

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Parte del complejo durante la noche. Aquí los chicos están yendo a cenar.

 

Bueno, el campamento terminó. ¡Mil anécdotas! Acá solo un par (en el libro, habrá más). Después de haber pasado 10 días trabajando en el bosque con niños de todas las edades y partes de Rusia, no puedo más que agradecer estas experiencias y compartir las cosas positivas (y no tan positivas) que viví.

Desde hace varios años que trabajo con niños pequeños (y no tan pequeños) y, alegremente tengo buenas noticias: estoy convencido de que podemos y de que vamos a tener un mundo mejor. Solo es cuestión de trabajar por eso y de preparar lo mejor posible a las nuevas generaciones. Y “preparar” no solo en conocimiento técnico sino también en valores constructivos y darles mucho amor.

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