FIESTA LATINA EN RUSIA

BAR LATINO RUSIA 2332

 

Victoria me invitó a bailar a un “bar cubano” con sus amigas del trabajo.

Yo, por mi parte, invité a un amigo argentino, Ricardo, y a una amiga rusa que habla español muy bien, Irina. Ricardo, a su vez, vino con Victor, otro ruso que habla español perfecto.

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Yendo al bar cubano con Victoria y sus amigas (San Petersburgo, Rusía).

Por cierto, ¿mencioné que el idioma español está de moda en Rusia? Es sorprendente la cantidad de gente que estudia o habla español aquí, y es sorprendente la cantidad de escuelas en las que se enseña el idioma español (a elección, pues pueden elegir otros idiomas también).

Volvamos a la fiesta. Éramos muchos. Entre las amigas de Victoria que no dejaban de llegar y mis invitados tuvimos que cambiarnos a una mesa grande.

El lugar era el típico “BAR LATINO” que uno puede encontrar en muchas partes del mundo. Había una barra de tragos, sillas y mesas sencillas pero coloridas, cuadros de Fidel, el Che, y algún que otro artista latinoamericano.

Los dueños son cubanos, pero en el staff hay colombianos, panameños y gente de países latinoamericanos. De hecho, había un exceso de personal que se abarrotaba en la barra, y que además de trabajar se divertía sacando a bailar a los comensales cada tanto. Ellos bailaban muy bien y sus movimientos eran atractivos para las mujeres rusas. Los rusos, en cambio, solo miraban el show desde sus mesas mientras tomaban algo.

El lugar estaba bien, pequeño pero cálido. Noté que la gente se sentía a gusto con la música y con la atmosfera. Acá en Rusia, a mucha gente -especialmente a las chicas- le gusta bailar ritmos latinos como la salsa, la bachata o el merengue, etc.

De nuestra mesa pocas personas se animaban a bailar. Primero por timidez, pero también (y quizás mayormente) porque no habían muchos valientes que sacaran a las chicas a bailar. Pasó un rato para que los latinos presentes se activaran y comenzaran a revolucionar el lugar.

Esa noche estuvo repleta de personajes llamativos, graciosos y también olvidables.

Sin dudas, el personaje de la noche fue un panameño que era exactamente igual a Homero Simpson pero en versión chocolate.

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Homero Simpson -versión latina- seduciendo con su baile. ¡Que país generoso!

Era un personaje querible y a su vez algo -o muy- detestable.

Querible porque era simpático y gracioso. Detestable, porque ya siendo un tipo grande (unos cuarenta y largos) es bastante inmaduro y, fuera de cámara, se refería a las mujeres de forma muy degradante y deshumanizante. Corto acá y después volveremos con este personaje polémico.

Las conversaciones transcurrían en ruso, inglés o español, dependiendo de cada persona y de cada grupo. Entre los tragos más solicitados estaban la caipiriña y el mojito cubano, aunque claramente la cerveza tenía el monopolio en la mesa.

La gente bailaba, conversaba, la pasaba bien.

Cada tanto se escuchaba al panameño gritando: “¡Diii Jayyyy! ¡¡¡Pon música pal culeo!!! ¡¡¡Pon música pal culeoooo!!!”

El DJ no le prestaba mucha atención y de hecho era algo antipático. Y ahora que lo recuerdo, ¡se parecía a Obama!

El panameño sacó a bailar a cada una de las amigas de Victoria durante toda la noche. Eso estuvo bien porque el tipo encendió la fiesta y animó a la gente a bailar. Era un auténtico “show man”, no solo bailaba bien sino que también era gracioso y divertido.

Otra vez se escuchó: “¡Diii Jayyyy! ¡¡¡Pon música pal culeo!!! ¡¡¡Pon música pal culeoooo!!!”

Obviamente lo decía en español, por eso el 99% de los rus@s no lo entendían.


Dentro del grupo con el que salí había dos chicas rusas con las cuales tenía buena conexión y que me parecían muy atractivas. Nuestra relación es de amistad pero no voy a negar que tengo interés por ellas.
La cuestión es que, me daba un poco de vergüenza bailar ritmos latinos en un lugar en donde había latinos que sí saben bailar y que la descosen en la pista. El bailar cerca de ellos hace que uno parezca un jubilado de 80 años bailando el “carnaval carioca” en el casamiento de alguien.
Mmm… bueno, en realidad, ese no era el problema. La verdad es que me daba un poco de vergüenza o de timidez bailar con cualquiera de las dos chicas que dije que me interesaban.
Logré soltarme un poco más y baile no solo con ellas y sus amigas, sino que también animé un poco la fiesta junto con los otros latinos.
En un momento estaba intentando bailar reggaetón con una de las dos chicas en cuestión y… no me podía soltar lo suficiente para bailar “bien pegao” como dicen los amigos del Bar. No me salía, no me animaba, me veía y me sentía ridículo.
A su vez, tenía que concentrarme muchísimo en no escuchar las letras de reggaetón. Un mínimo error y esas letras podrían colapsar mi sistema nervioso central, haciendo que me desplome en el piso y que quedara ahí tirado, sin fuerzas para defenderme de las contingencias de la vida.
En conclusión, cuando finalmente pude ser más tolerante con este género (?) musical y menos cagón (¿o más valiente?), todo encajó mejor y me encontré bailando reggaetón bien pegado. Debo confesar que no se veía ni se sentía mal, al contrario, se sentía muy bien y hasta recibí elogios sinceros por mi performance.
Gracias al reggaetón pude conectarme más con esta chica y… lo demás es información ultra clasificada que posiblemente se dará a conocer el libro sin lujo de detalles.
Ahora entiendo por qué la gente baila reggaetón!!! Woaw! Uno aprende cosas nuevas todos los días.

Otra vez, ese panameño (a veces insoportable) gritando como un loco: “¡Diii Jayyyy! ¡¡¡Pon música pal culeo!!! ¡¡¡Pon música pal culeoooo!!!”

El DJ, que no solo se parecía a Obama en aspecto sino también en las expresiones: tenía esa cara de desidia (o de orto) característica del ex-presidente norteamericano o del dibujo animado “Droopy”. Seguramente por tener que soportar los pedidos del panameño (¡alto hinchapelota!).

La fiesta se encendió. Todo el mundo estaba bailando, riendo y pasándola bien. El lugar era pequeño y conversé con todas las personas en ese bar, sobre todo con los latinos. Hasta puedo decir que trabé amistad con el panameño y con gente del staff.

En un momento, salí a afuera para tomar aire fresco y ahí estaba Homero Simpson versión latina. Estaba solo fumando un cigarrillo.

Tuvimos la típica “conversación de hombres”: hablamos de las chicas que había esa noche, me contó historias del bar y también algunas conquistas amorosas, etc.

Todo estuvo bien hasta que el tipo, tan agradable y gracioso, mostró una faceta bastante desagradable.

Se refería a las mujeres de forma muy degradante y deshumanizante. Voy a recortar algunas partes de aquella conversación:

Joan: -¿Has visto a la hembra de pelo rojo? Bueno, estuvimos bailando así bien sabrosito y todo, pero no aflojaba. Cuando fue pal baño, la esperé afuera y cuando abrió la puelta me metí rápido, puse traba y la besé. Hasta ahí todo bien, después le baje el corpiño y… -usen su imaginación-. Pero al rato dijo: “Solo bailamos, ¡¡¡solo bailamos!!!” Y se me escapó. Ya tenía la pinga lista pa metérsela.

-¿Estabas por hacerlo en ese baño?

-¡Eh, que tu no sabe’! A ese baño nosotros le decimo el cojedero, ahí ha pasado de todo. Si e’ pequeño, pero bueno, te tira al piso y hace lo que quiera.

-Che, ¿pero estabas por tener sexo sin protección?, ¿no usas protección vos?

Joan se enderezó, llevó su cabeza ligeramente hacía atrás, y extendiendo los brazos con el cigarrillo en una de sus manos me dijo: “¡Noooo hermano yo no uso protección!”.

-¡Pero mirá si dejas embarazada a una mina o si te contagias algo!

Otra vez, infló el pecho y extendiendo los brazos -como excusándose- me dijo: “Mira hermano, te voy a decir algo, aquí en Rusia el aborto e’ legal y gratuito”.

“Legal y gratuito”, repitió.

Yo me quedé con la boca abierta, no podía creer lo que estaba escuchando. Siendo un tipo grande, de unos 40 y largos, era mucho peor que un adolescente irresponsable, era un tipo totalmente inescrupuloso. No le importaba nada la otra persona.

Fumó su cigarrillo una vez y se apresuró a agregar algo más:

-Mira hermano, eso del embarazo no e’ problema aquí. De lo que te tiene que cuidar e’ de la’ enfermedades. Y yo, con la experiencia que tengo, ya sé cómo son los culo’. Sé cuándo un culo esta borracho, cuando un culo quiere bailar, cuando un culo quiere cojel, o cuando un culo está enfermo”.

Mientras hablaba yo lo miraba con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que estaba escuchando. Se refería a las mujeres con el nombre genérico de “culo”, como si una mujer -¿hay algo más bonito en la galaxia?- fuera solo un agujero, un pedazo de carne, o un objeto. ¡Que horrible! Estaba realmente incómodo y hasta enojado, hace mucho tiempo que no participaba en una conversación así. Y él seguía como si nada:

-¿Cómo sabes cuándo un culo está enfermo? Bueno, ¡e’ fácil! Metes tus dedos en la vagina y si huele a pescao es porque ese culo está enfermo, ¡y mejor vete de ahí! ¡Te vas de ahí!

Yo estaba en silencio. No es que estuviera shockeado ni impresionado pero me agarró con la guardia baja. No esperaba escuchar semejantes barbaridades del bailarín de la noche. Y para colmo, el tipo, como si yo estuviera interesado en tomar notas de su consejo siguió repitiendo:

-Tu solo mete lo dedos, si huele mal ¡mejor vete de ahí!

Dentro de mí: “¡Ahhhhhh por favorrrrrr! ¡¿Qué hago acá y qué hago en esta conversación?!”. Corté antes de perder la cordura y me fui para adentro.

-Bueno Joan, muy interesante la conversación y gracias por los consejos.

-Por favor mi hermano, ¡pa’ servirle!

***Antes de seguir –y para que no digan que soy un exagerado- tengo que decir que escribí solo un 20% de las barbaridades que dijo, el resto… simplemente no puedo reproducirlo, es realmente aberrante.


Tengo que decir que esa noche, cuando llegué a mi casa, estaba algo furioso. Me molestó mucho la forma en la que se refirió a las mujeres: “Un culo”. ¿Qué le pasa? ¿Cómo un tipo de más de 40 puede ser tan imbécil y maleducado?. A su vez me enojé un poco conmigo mismo, pensé: “¿Tendría que haber dicho algo?, ¿Hubiera cambiado algo o solo me hubiera ganado la enemistad de todo el staff por ‘moralista’?, ¿Estoy exagerando o me estoy loco?”, etc.

Volviendo a la fiesta…

Decidí que yo estaba en plan de pasarla bien, a causa del trabajo no había tenido tiempo de salir de fiesta y esa era la primera noche en que salía a bailar en San Petersburgo.

Una amiga se fue más temprano para no perder el metro. La acompañé hasta la calle para despedirla y cuando volví al bar, estaba otra vez mi “amigo” fumando en la entrada. Me dijo con su tonada panameña+cubana+sabe quién qué más:

-Oye hermano, ¡esa sí que está bien guapa! Cometiste un error en dejarla ir.

-¿Por qué?

-¡Porque ella quiere contigo! ¿No te diste cuenta? Esa mujel tiene los ojos del culeo.

-¿Los ojos del QUÉEEEE…..?

-¡Los ojos del culeo! ¡Significa que ella quiere culear contigo hombre! Yo me di cuenta, cuando te mira, te mira diferente.

O sea, el tipo estuvo observando a todo el mundo toda la noche y encima da consejos gratis.

-Aaahhhh…. “los ojos del culeo” -repetí lentamente con sarcasmo-, primera vez que escucho ese término. Gracias Joan por la información. Me voy para adentro con mis amigos.

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El panameño era implacable, se la pasó bailando y seduciendo -o intentando seducir- a todas las chicas del lugar. ¡Que país generoso!

De nuevo en la fiesta:

Una vez adentro y tomando un mojito en la barra, se me acercó un cubano y con una voz súper gruesa me dijo:

Lázaro: -Oye, el rebaño con el que has venido está bien bueno.

Yo: -Si son bonitas, pero no las conozco a todas, son amigas de mi amiga Victoria.

-Mira hay una chica del grupo, la narigona de allí -señaló discretamente-. Me gusta mucho, cuando bailo con ella… no sé… la siento bien sabrosita ¡tu sabe!

-Ajam…

-mira, yo me tengo que ir por una pal de horas y vuelvo, tengo que compral cosas pa’ la cocina. ¿Tu puede anotalme su teléfono y dejalmelo aquí en la barra?

-Brother, pienso que podes pedirle el teléfono vos mismo. Sos un tipo grande, bailas bien, sos carismático. Dale pedile vos que a lo mejor te lo da.

-Si puedo, pero mejol se lo pide tu mi hermano, tu ere’ su amigo. Me lo deja´ aquí en la barra y tú me va a hace’ feli’.

Al igual que los otros latinos de esa noche, este hablaba algo que supuestamente era español. Trato de escribir las conversaciones con la mayor fidelidad posible pero por más que intento no me sale igual.

Palmadita en el hombro y se fue. Dentro de mí: “¿Qué le pasa a esta gente?”

Una situación tragicómica más:

Ya al final de la noche. En medio del bailongo. Se me acercó un chico simpático -creo que ecuatoriano pero no sé- que no trabajaba ahí y salió para divertirse al igual que el resto. Pienso que se animó a hablarme porque notó que soy un tipo sociable y que hablaba con todos.

Se me acercó mientras estaba bailando con mi grupo y con el ruido de la música de fondo me dijo:

-Oye, disculpa pero tengo que hacerte una pregunta.

-Dale bro, no hay problema.

-Pue… lo que pasa es que… me está fallando la aleta y…

-¿¿¿Te está fallando la QUÉEEEEE???

– ¡Que me está fallando la aleta! –gritó-. E’ decir ¡que bailé mucho y necesito desodorante! ¿Tu tiene pa’ prestarme?, ¿O alguien de tu grupo?

Dentro de mí sentía una mezcla de querer explotar de la risa; me dijo: “me está fallando la ALETA”, -¡¡¡como si fuera un pez!!!- Y por otro lado estaba desconcertado por lo creativa que puede ser la gente cuando usa el idioma español. Lamentablemente no pude ayudarlo.

El prematuro festejo del panameño:

De fondo, una vez mas escuchó: “¡Diii Jayyyy! ¡¡¡Pon música pal culeo!!! ¡¡¡Pon música pal culeoooo!!!”

Me acerqué a la barra en donde se aglutinaban los latinos y el panameño estaba festejando (él solo) sus “conquistas amorosas parciales”; después de bailar con el 98% de las chicas del lugar consiguió que un par le sonrieran, lo cual estadísticamente no es meritorio.

Él estaba contento, pues sabía que quizás esa noche tendría chances de alcanzar una victoria, y es por eso que gritó al aire: “¡¡¡HOY COMEMO’ POLLO SEÑORES!!! ¡¡¡HOY COMEMOS POLLO!!!”. Gritaba extasiado mientras golpeaba la madera de la barra con sus dos manos como si fuera un tambor.

Yo no sabía exactamente a qué se estaba refiriendo, pero en mi ingenuidad y por mis ganas de socializar agregué: “¡¡¡POLLO CON FRIJOLES!!!”, lo dije sonriendo, acordándome de una canción de salsa con esa letra.

El me miro decepcionado y se llevó una mano a la frente. Me dijo: “Lo que pasa e que tu no sabe lo que significa COMER POLLO”, “Significa que esta noche vamos a ¡¡¡COJEEEEELLLL!!!” –gritó eufórico!-.


¿Cómo cierro este post? A ver… Conclusiones:

  • Ir a un bar latino en Rusia es una diversión garantizada.
  • Te encontrarás con personajes divertidos y con personajes olvidables.
  • Qué mal que hablan algunos latinos (millones lamentablemente). El idioma español es tan lindo, ¡¡¡hay tantas palabras hermosas y magnificas!!! , ¿Por qué usar palabras tan pobres cuando tenemos un idioma tan rico?, ¿Por qué hay gente que usa palabras incompletas cuando pronunciar la palabra entera suena mejor?, etc.
  • Si bien fui muy duro con el panameño, tengo que reconocer que al menos el vago es auténtico, se muestra tal como es sin ningún filtro. Yo en cambio soy más reservado y diplomático, y me imagino que si fuera más sincero como él, quizás no le caería bien a todo el mundo (viene bien autocriticarse para crecer, pero no siempre es fácil).
  • Definitivamente cuando vuelva a Argentina voy a retomar las clases de salsa y ritmos latinos. Es una música hermosa que vale la pena aprender a bailar y a disfrutar.

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